Con el permiso de los mayores
Como complemento a mi posteo anterior, me permito agregar información sobre el uso de la pólvora y la velación entre los curanderos, espiritistas o espiritualistas, cuando se trata de atender casos de personas que llegan a consultarse por traer “muerto pegado“…
El “muerto” es un ente cuyos familiares nunca atendieron ni le rezaron cuando la persona pasó a mejor vida, o simplemente porque aquella persona, que muriendo en la calle (por accidente, de forma natural o asesinado), se da por “desaparecido”… sin embargo, sea cuál sea el origen de la personalidad de ese ser, algunos afirman que suele usarse para hacerle daño a otra persona.
Algunos también solemos asignarle el nombre de “muerto de la calle” y sabemos que haciendo el “trato correcto”, podemos usarlo también para ayudar a aquel que fue dañado con los entes que se prestan a ejecutar este tipo de trabajos, por lo que no necesariamente puede definirse rotundamente como un ser maligno o negativo.
Cuando una persona trae pegada al muerto por maldad, se puede hacer “trato” con ella, de la misma manera en que se “tranza” con el ánima sola, al grado de que se puede “voltear” la intención por la que está presente, y entonces, lejos de seguir dañando a la persona, se puede convertir en su protector e incluso en su consejero, durante más o menos un año (365 días de los humanos).
En otras circunstancias, cuando la estabilidad (e incluso la vida) de la persona está de por medio, se procede a retirarlo, siempre buscando hacerlo por la buena: ¿esto qué quiere decir? muy sencillo: se le va a ofrecer algo “a cambio” para “que se aleje” y siga su camino.
Aquí debe hacerse la aclaración de que al hacer las cosas de esta manera, se está considerando al ente como “alguien necesitado” de algo, no como “un terrible enemigo” y por lo mismo, esa necesidad hizo que aceptara el trato de fastidiar a alguien o que buscara pegarse a una persona: y esa necesidad se llama “luz”, ya sea por la oferta/pago que recibió para perjudicar o simplemente por el campo energético que posee la persona “a la que le echa encima”: todo es luz. No omito mencionarle también que el muerto puede negarse a aceptar el trato, motivo por el cual el espiritualista procede a alejarlo de manera violenta y sin recompensa alguna.
Es esta característica la que con el tiempo hace que el curandero, espiritista o espiritualista se convierta también en muertero, considerándolo, digamos, como una especialidad en la “negociación” -para bien o para mal- con cualquier muerto.
Como anécdota quisiera comentar que una persona con problemas de depresión aguda es la “clásica víctima” del muerto, ya que su campo energético está debilitado, y por lo mismo el aura es más factible de ser “mordisqueada” para “chuparle” la energía de la persona.
Así, las velaciones son efectivas para retirar al muerto, pero son sólo una parte de todo el rito ceremonial que se practica para alejarlo. Primeramente se debe establecer qué tipo de personalidad tiene en ese momento el muerto, para lo cual existen dos opciones: una revisión espiritual (“montando” al espíritu guerrero del curandero o espiritualista) o a través del uso de tres veladoras blancas, colocadas en forma de triángulo, en la casa del afectado.
Con cualquiera de los dos métodos se le identifica, se determina su origen y se establece la forma de alejarlo.
Este punto es muy importante, ya que no sólo implica conocer “los síntomas” del afectado (frío corporal constante, cansancio, insomnio, dolor de espalda, escucha de voces, rechazo de niños pequeñitos, etc.), sino que al hablar de “establecer” su personalidad se refiere uno al momento anímico del ente: usted lo puede apreciar en la lectura de las veladoras; no sólo aparece el rostro del muerto, sino también su expresión, que puede ser desde la de un “rostro” con las características de un “ente” etéreo común y corriente, hasta la furibunda cara de una “calavera”.
Entonces viene el trato: se le ofrece flor de muerto (zempoazuchitl), recolectada de un panteón (“la flor del muerto contra el muerto y para el muerto”), aguardiente, uso de ciertas hierbas (ruda, clavel, pirul, etc.), usadas de manera específica, la mencionada pólvora (que al encenderse se convierte simbólicamente en un "arreo" hacia la luz para alumbrarle el camino que debe tomar) y otros elemento más. Incluye potentes oraciones. Posteriormente se procede a la velación, que también puede tener sus variaciones y alguna ofrenda más consistente en alimentos cuando el muerto se vaya a quedar un tiempo, como lo señalé líneas arriba.
En casos “peligrosos” puede requerir un rompimiento, que es, como su nombre lo dice, el rompimiento total de la ropa del afectado, la cual debe ser la más vieja posible y que posteriormente se tira en un basurero. Después de esto, al paciente se le debe dar un baño de hierbas y sustancias especiales para retirar el daño (en realidad “desgaste”) que dejó el muerto en el campo energético o la comúnmente llamada aura y finalmente se le viste de blanco.
Como curiosidad le puedo decir que el trabajo con fulazo de pólvora debe hacerse en un recipiente (cazuela pequeña o plato) en cuyo fondo, una vez quemada (y cuyo número de medidas puede variar enormemente), queda dibujado claramente el rostro del muerto.
Le comento también, brevemente, una de las tantas “virtudes” que adquiere la persona que se especializa en ser muertero al establecer un trato el muerto de la calle, para hacerle fastidio a alguien.
Todos habremos visto en alguna ocasión alguna cruz, clavada en el cemento, sobre una vía, banqueta o parque, en el que se señala el nombre y fecha de una persona que por alguna de las circunstancias ya descritas murió en la calle… bueno, ahí está el muerto… y hasta ahí va uno a hacer trato con él: al lugar donde murió, porque curiosamente el alma, pese a todo, termina regresando a ese lugar donde perdió la vida, pese a que "vaya y venga por todo lados", su último vínculo con la vida quedó ahí (es por eso también que el curandero o espiritualista recomienda evitar la cremación: su cadáver, por más que esté descompuesto con el paso de los años, es la primera y última referencia con el planeta tierra que tiene la persona al momento de reencarnar… la que debe buscar para recomenzar de nuevo).
Una última aclaración, y previniendo el surgimiento de alguna polémica: de acuerdo a mi formación, curanderos, espiritistas o espiritualistas son (somos) prácticamente lo mismo, trabajamos con muerto, para bien o para mal… que con el tiempo cada quien agarre camino “especializado” como vidente, muertero o médium, para dar o quitar, para hacer despojo o limpias, para sanar o enfermar, son simplemente cosas de esos curiosos caminos del destino llamados Dios …
saludos y bendiciones