Autor Tema: Lydia Cabrera y El Monte  (Leído 4369 veces)

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Lydia Cabrera y El Monte
« en: Febrero 23, 2009, 09:06:38 pm »
Con el permiso de los mayores...

Lydia Cabrera nace un 20 de mayo de 1899 y en vida se caracterizó por ser un polémico personaje: reconocida como excelente escritora, antropóloga y etnóloga, se convirtió en portavoz de la cultura afrocubana al rescatar las creencias y prácticas religiosas de los habitantes de la isla caribeña relacionadas con la Regla Osha; sin embargo, también cuenta con un importante grupo de detractores que la acusan de haber asumido una posición injusta y equívoca ante los logros de la revolución encabezada por Fidel Castro.

Durante su niñez y adolescencia recibió su educación escolar en su casa por problemas de enfermedad (lo que marcó su carácter un tanto caprichoso), por lo que le fueron asignados tutores particulares para completar el bachillerato y desarrollar su afición por la lectura y la pintura, hasta que finalmente puede tomar cursos de especialización y postgrado, lo que le permitió, entre otras cosas, viajar a Francia donde realiza sus graduaciones finales.

Es en aquella época que conoce a Fernando Ortiz, del que se dice fue quien le inculcó el interés por el folklore cubano, mismo que desarrolla y finalmente plasma en su libro “Cuentos negros de Cuba”, el cual no es otra cosa sino una interesante recopilación de narraciones orales compartidas por los viejos habitantes de la isla, y en donde se mezclan las deidades Orishas con animales, personas, magia y plantas.

Este libro le permitió ganarse la confianza de los viejos practicantes de la religión afrocubana, por lo que a partir de 1950 se dedica a recorrer la isla, principalmente en La Habana, Matanzas, y Trinidad, haciendo entrevistas y recopilando información sobre ceremonias, rituales, mitos y realidades sobre la Santería, y posteriormente sobre las reglas del Palo Monte. Es en este ir y venir que escribe y finalmente publica en 1954 el que está considerada su máxima creación literaria: “El Monte”, el cual ha merecido que se le defina como “la biblia de los Paleros” y punto de referencia para cualquier estudioso de las religiones practicadas en el Caribe.

Pese al éxito, Lydia Cabrera continúa investigando sobre las creencias, secretos y prácticas ceremoniales de los negros de origen africano residentes en Cuba y posteriormente publica en 1955 el libro “Refranes de negros viejos” seguido de “Anagó” en 1957 y el interesante y profundo “La sociedad secreta Abakuá” en 1958.

En 1960 abandona Cuba por no estar de acuerdo con las ideas comunistas de Fidel Castro, el cual acaba de tomar el poder tras una violenta revolución, y se exilia en Miami, motivo por el cual deja de escribir durante 10 años, hasta que en 1970 publica el libro “Otán Iyebiyé, las piedras preciosas”, en 1971 uno más llamado “Ayapá: cuentos de Jicotea”. Desde su llegada a Miami se dedicó durante mucho tiempo a criticar al gobierno revolucionario, lo que provocó que un importante sector intelectual no sólo cubano, sino en gran parte de América latina la cuestionara con dureza. Sin embargo, sus dotes literarios prevalecieron sobre sus posturas políticas, y esta actitud con el tiempo pasó al olvido y siguió publicando aclamados libros con regularidad, hasta su muerte acaecida el 19 de septiembre de 1991.

Entre sus libros destacan: Cuentos negros de Cuba (1940), El Monte (1954), Refranes de negros viejos (1955), Anagó, vocabulario lucumí (1957), La sociedad secreta Abakuá narrada por viejos adeptos (1958), Otán Iyebiyé, las piedras preciosas (1970), Ayapá: Cuentos de Jicotea (1971), La laguna sagrada de San Joaquín (1973), Yemayá y Ochún (1974), Anaforuana; ritual y símbolos de la iniciación en la sociedad secreta Abakuá (1975), Francisco y Francisca, chascarrillos de negros viejos (1976), Itinerarios de insomnio: Trinidad de Cuba (1977), Reglas de Congo: Palo Monte Mayombe (1979), La lengua sagrada de los ñáñigos (1988), La medicina popular en Cuba (1984), Vocabulario congo: el Bantú que se habla en Cuba (1984), La Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje (reeditado en 1986) y Supersticiones y buenos consejos (1987).

“El Monte” es un libro que puede tener dos lecturas: una de ellas la que tiene que ver con una óptica totalmente literaria, y en el cual se puede apreciar un ritmo narrativo que lleva al lector ajeno a la cultura afrocaribeña por un “paseo” dentro del folklore que, pese a su profundidad, no pasaría de ser “una nota” turística para aquellos que no estén relacionados con el tema, ya que finalmente el neófito (recordemos que en las Reglas Congas neófito no tiene tintes despreciativos; así se les llama a los no iniciados) puede establecer una barrera ante el uso de una visión sobre la vida desconocida y ajena a su mundo moderno. No es que sea un libro difícil, por el contrario, Cabrera es una gran escritora, sin embargo, aquel que lo lea como mero paisaje costumbrista (o como un estudio etnológico) corre el riesgo de pensar que los practicantes del Palo Monte no pasan de ser unos meros brujos que "por suerte" viven muy lejos.

Sin embargo, para todo aquel lector que busque respuestas las encontrará en cada una de las más de 500 páginas del libro, al grado de que al terminar su lectura, su perspectiva sobre la existencia de otro tipo de manifestaciones espirituales tendrá un panorama mucho más amplio. Lydia Cabrera en este libro hace algo parecido a una vivisección del sincretismo religioso de tal profundidad, que con el tiempo el texto se vuelve una relectura obligada.

A lo largo de sus hojas se encuentran entreveradas anécdotas costumbristas con relatos explícitos –u ocultos- y mezclados directamente con grandes secretos sobre las Reglas Congas y sus ancestrales prácticas religiosas, combinados a su vez con elementos de la brujería china, los poderes sobrenaturales de los Mpungos, supersticiones y creencias, leyendas y mitos, entrevistas con viejos Paleros y alguno que otro Santero, e incluso aborda la cosmovisión de los Paleros ante la vida diaria y desde un punto de vista sociológico (sí, hasta ese lujo se dio), valiosamente ejemplificados y ordenados con gran detalle. Incluye finalmente un completo apéndice con interesantes fotografías y un diccionario sobre palos, árboles y hierbas (por ejemplo se puede encontrar detalladas explicaciones sobre la conexión existente entre la ceiba y la palma), usados por los Sacerdotes Congos y que se pueden encontrar fácilmente adentrándose unos cuantos metros en “El Monte”….

Les comparto el siguiente párrafo tomado del libro:

“La sobrina treinteña de una santera conocida mía, bailaba tan bien que de admirarla y de tener los ojos de las gentes, oyú kokoroi grandes y fijos en sus pies, al salir de una fiesta la arrolló un coche y de este accidente se quedó coja... Debo confesar que soy culpable de haber atraído sobre una pobre viejita, a quien fui a visitar llevándole de regalo un par de zapatos, "mucha envidia de la peligrosa. De esa que se sube a los ojos..." El día que estrenó estos zapatos, una vecina se los miró "con ojos que se le volvieron malos" y sufrió una caída al bajar del tranvía. Mas, un trocito de la madera del árbol resistente a todas las furias de los elementos, invulnerable al fuego y al huracán, es resguardo que protege a quiea lo lleve, niño o viejo, no ya de los malos ojos, sino de todo daño posible. (De maldad de vivo o de muerto). El Villumbero C. * asegura que no existe "guardiero" más seguro que un gajo de ceiba para impedir que los espíritus errantes penetren y se instalen en las casas. Una cruz formada con un tallo de ceiba, se fija detrás de la puerta con la intención de apaciguar aquella vivienda en que se oyen de noche crujidos y ruidos indefinibles y misteriosos: la ceiba desaloja y mantiene alejados a los espíritus intrusos y sin paz que no se atreven a volver. (El Arikú-Bambaya, resguardo que consiste en un palo vestido con una faldeta, que se alimenta como a Elegguá y se coloca detrás de la puerta, desempeña también esta delicada función de impedir la entrada en las casas de espíritus perturbadores o dañinos).”

Posteriormente a la publicación de “El Monte”, Lydia Cabrera sería depositaria también de los grandes secretos de la mal llamada secta de “Los Ñáñigos”, e incluso posteriormente también de la polémica “Sociedad Secreta Abakuá”, mismos que también verían publicados sendos libros que también son lectura obligada para todo interesado en las religiones afrocaribeñas, y en especial con aquellas injustamente definidas como “sectas brujas”.

Saludos y que Nsambi los akutare...

*Sacerdote practicante de cierta rama del Palo Monte.