Autor Tema: La Sociedad Secreta Abakuá (segunda parte)  (Leído 2362 veces)

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La Sociedad Secreta Abakuá (segunda parte)
« en: Octubre 23, 2008, 08:17:18 pm »
Los Obones o Plazas, con fuerte presencia en las ciudades de La Habana y Matanzas, están basados en la siguiente estructura organizacional:

Iyamba – jefe máximo responsable del Ekue (tambor sagrado)
Mokongo – gobernador ceremonial y responsable de cumplir las órdenes del Ekue
Ekueñón - secretario
Isué – máximo sacerdote
Isunekué – guardián o custodio
Empegó - es quien toma el juramento del iniciado.

De aquí se derivan funciones como la del Moruá Yuansa (cantante del tambor), Moní Fambá (portero/guardián), Abasí (cargo honorífico pero sin funciones), Iksumekue (apoya las actividades de Ekueñón), Nkandembo (cocinero), Koifán (barrendero), Kundiabón (tesorero), hasta llegar a los Obonekué (novicios) y Indisime (aspirante a ser iniciado): todos estos “puestos” poseen un alto grado de honorabilidad y reputación ante la sociedad.

La ceremonias de iniciación de un aspirante (llamada Aprofa Bakesongo), forma parte de los llamados “plantes” (rituales en general), la cual entre sus principales funciones tiene la de establecer contacto con los antepasados, el mundo de los muertos, con los “orígenes míticos” y a su vez con sus deidades.

Incluye actividades desde que el aspirante permanezca todo el tiempo con los ojos vendados – como en la ceremonia de rayamiento del Palo Monte - pasando por desfiles y bailes de disfraces, oración y  purificación, rayado de diversos objetos con tizas, cantos y toques de tambor – el Ekwé considerado el gran secreto de los ñáñigos - la sesión de juramento de respeto-compromiso religioso-confirmación… y hasta diversos tipos de procesiones, otros rezos, ciertos rituales, presentación de ofrendas y realización de sacrificios (animales de dos y cuatro patas) y una gran comida. Es de destacar que una parte contempla también que el iniciado permanezca bastantes horas hincado, lo cual habla del carácter y el compromiso con el que se busca la aceptación y posterior entrada al grupo.

Obviamente no están descritas la totalidad de cada una de las partes de los rituales, pues como ya se ha dicho la discreción de lo que son las ceremonias públicas (concebido como un mundo llamado Isaroko y donde se cultivan los árboles sagrados para los Ñañigui: la Palma y la Ceiba) y las secretas (conceptualizado como un mundo nombrado Fambá o Butame) es muy rigurosa, sin embargo, en este punto bien vale la pena destacar la versatilidad de una de ellas llamada “oficio lúgubre”, la cual tiene aplicación tanto en el proceso de purificación como en lo que se refiere a los castigos por violar los juramentos religiosos a los que se comprometió un Ñañigui al ser iniciado (que puede ser la revelación de secretos, caer en prácticas homosexuales o simplemente por motivos de “purga” entre sus integrantes de dudoso comportamiento).

Aquí es necesario detenerse a analizar la poca información disponible sobre el ya citado Ekwé y por qué está considerado “un gran secreto” dentro de la Sociedad Abakuá. 

El tambor Ekwé es el instrumento sagrado de gran uso en todas las ceremonias, por su carácter simbólico y musical. Su importancia radica en que a través del toque del Ekwé habla Abasí, (recordemos que está considerado Dios, el Ser Supremo), por lo que durante una sesión musical trasmite a los Ñañiguis el denominado “Gran Misterio”: los secretos del origen y conocimiento de los Abakuá. Se fabrica con piel de leopardo y periódicamente debe ofrendársele sangre en una complicada y celosamente guardada ceremonia.

En los eventos religiosos públicos y de manera ritual, se tocan otras percusiones para acompañar los cantos a las deidades Ñañiguis, de entre los cuales se pueden destacar los cnsiderados tambores de carácter simbólico: Empegó, Ceceribó, Engríkamo y Ekueñón; los cuales cada uno cumplen diferentes funciones, como anunciar el inicio de ceremonias y procesiones, dar señales de alerta o avisar sobre la presencia de invitados especiales.

Sin embargo, al realizarse rituales secretos, al momento de tocar el tambor Ekwé debe quedar oculto en el “cuarto de los misterios”. Los tambores más conocidos de este tipo, llamados biankomeko, son: Obi-Apá Bonkoenchemillá, Kuchi-Yenemá y Brankomé. El sonido percusivo acompaña los versos narran y describen, en unas ocasiones con cantos y en otras recitándolos, las leyendas e historias de la Sociedad Abakuá.

También dentro de la ceremonia Aprofa Bakesongo destaca de nuevo el ya mencionado culto a los muertos, en este caso a través del Íreme, el cual es una de las manifestaciones más importantes dentro de los Abakuá, ya que representa el espíritu de los ancestros que en su momento vuelven vigilar a “sus hijos” y purificarlos, pero también tienen una activa participación ceremonial al sonar cruces de madera con sonajas. Los Íremes, que no pueden hablar ni ver y por ello se comunican con gestos y movimientos corporales violentos, tienen diferentes representaciones y cada uno de ellos cuenta con ciertas características y personalidad.