Autor Tema: La Sociedad Secreta Abakuá (primera parte)  (Leído 4198 veces)

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La Sociedad Secreta Abakuá (primera parte)
« en: Octubre 22, 2008, 09:28:39 pm »
Así como la Regla Osha en Cuba tiene sus antecedentes en los negros yorubas y bantúes traídos desde África, los carabalíes africanos (originalmente llamados calabares) también dejaron su legado a la humanidad: la enigmática Sociedad Abakuá, una fraternidad o cofradía religiosa, cultural, brujeril y mutualista surgida en las primeras décadas del siglo XIX, cuando los esclavos negros sufrían el mayor periodo de hostilidad en la historia de la isla caribeña.

La Sociedad Secreta Abakuá, como se reconoce oficialmente a su nombre, está rodeada de un halo de misterio y apoyada en un cúmulo de leyendas, graves imprecisiones y acertadas observaciones, que entre otras cosas la ligan directamente a las prácticas del Palo Monte.

Esta vinculación con la práctica de las reglas Congas se localiza nuevamente en Andrés Facundo de los Dolores Petit, conocido por haber desarrollado la variante del Palo Kimbisa, quien a su vez fue el fundador de la reconocida sociedad blanca Akanarán Efó Muñón Ekobio Mucarán, sin embargo, como señalan los investigadores Jorge Castellanos e Isabel Castellanos, los Abakuá también “presentan curiosas similitudes con los misterios de la antigüedad greco-romana, sin que esto quiera decir, desde luego, que existan entre ellas nexos históricos”.

Los antecedentes de la Sociedad Secreta Abakuá se remontan en las sociedades secretas que existieron en Calabar (también en Nigeria), la cual tiene como base una vieja leyenda que describe el desacato en el que incurrió una princesa (llamada Sikán, hija del un rey llamado Efor) al violar un celoso secreto: se dice que ella encuentra al pez sagrado llamado Tanze (considerado la reencarnación de Abasí) y lo observa con atención, para después reproducir su chillido en el tambor sagrado Eku, de ahí que los integrantes de esta sociedad, llamados Ñañiguis, sean exclusivamente hombres, característica que con el tiempo los convirtió en un claro ejemplo de cómo un grupo social marginado se organiza de forma peculiar no sólo para la práctica de creencias religiosas machsitas, sino también para evadir la represión y enfrentar, en su momento, los abusos de los esclavistas blancos.

Para los Ñañiguis el concepto de hombre "…no es sólo aquél que no es homosexual, sino el que refleja la más pura dignidad del ser humano como laborioso, fraterno, alegre, rebelde ante la injusticia, cumplidor del código moral establecido por los antepasados formadores del Abakuá; es aquél que es buen padre, buen hijo, buen hermano y buen amigo". De acuerdo a muchos estudiosos, esta definición no desea ocultar su carácter netamente misógino que se cree está derivado de la leyenda de la princesa Sikán, al grado de que los homosexuales y cobardes suelen ser despreciados en forma exacerbada.
 
La investigadora Lydia cabrera los definió como “un trasplante de las sociedades que existían en Nigeria del Sur, en el Calabar… hacia la década tercera del siglo pasado se fundó en el pequeño pueblo marinero de Regla, en el puerto de La Habana la primera confraternidad de este tipo, auspiciada por el cabildo de Apapa Efí (de la tribu de Efix y apadrinada por los Ekoi)”. Sin embargo, su localización está precisada en la legendaria Biafra, motivo por el cual los Ñañiguis no pueden desligarse de la reverencia africana a los antepasados (conocidos también espíritus, fantasmas o espectros de los muertos o diablitos, ñañas o ñáñigos), de aquí que ceremonialmente siempre se les rinda culto, ya que se tiene la idea de que siempre regresan a la tierra durante los ritos.

Al igual que en el Palo Monte, sus prácticas religiosas incluyen firmas llamadas Ekeniyó, divididas en tres tipos diferentes llamadas Sellos (representando el potencial abakuá), Gandos (para ceremonias complejas) y Anaforuanas (para usos consagratorios), trazadas también con tizas blancas (para representar a la muerte) o amarillas (simbolizando la vida). Estas prácticas religiosas están rodeadas de misterio, como resultado de la protección que se le da a sus secretos: si bien existe un oficio público, este suele ser limitado, mientras que la llamada parte “misteriosa” se realiza en una habitación sin ventanas llamada “el cuarto de los misterios”, fambá o butame.

La organización religiosa de la Sociedad Secreta Abakuá (basada en las llamadas Potencias, Plazas u Obones principales, símil de las Casas de Santo o Cabildos), ha tenido diversas transformaciones, y de ser un grupo cuyos miembros debían ser exclusivamente los negros, mutó a sociedades compuestas por mulatos, gente blanca (responsabilidad del ya citado Petit) y hasta chinos. Su dios principal se llama Abasí, el Ser Supremo, el cual tiene muchas similitudes con la personalidad del Olodumare de la Regla osha y Nzambi del Palo Monte, pues carecen de un culto propio.

A partir de aquí, las deidades* más importantes para los Ñañiguis son:

Obandío (como referencia es similar a Obatlá)
Obebé (sin referencia)
Yiniko (sin referencia)
Okón (como referencia es similar a Babalú Ayé)
Onifé (como referencia es similar a Shangó)
Okandé (como referencia es similar a Oyá)
Yarina Bondá (como referencia es similar a Yemayá)
Sontemí (como referencia es similar a Oshún)
Obiná/Efizá (como referencia es similar a Eleggua)

Mención especial merece Nkríkamo: capataz de los muertos –mejor conocidos como diablitos- y dado que es una deidad implacable e inmisericorde para cumplir sentencias, provoca pavor entre los abakuás. Su símil podría ser el Eshu lucumí.

*No se refiere a ninguna sincretización: la lista tiene fines exclusivamente comparativos.

Los Obones están basados en la siguiente jerarquía:

Iyamba – jefe máximo
Mokongo – gobernador ceremonial
Isué – máximo sacerdote
Isunekué – guardián o custodio

De aquí se derivan posiciones como la del Moruá Yuansa (cantante del tambor), Moní Fambá (portero guardián), Abasí (cargo honorífico pero sin funciones), Nkandembo (cocinero), Koifán (barrendero), Kundiabón (tesorero), hasta llegar a los Obonekué (novicios) y Indisime (aspirante a ser iniciado): todos estos “puestos” poseen un alto grado de honorabilidad y reputación ante la sociedad.

La ceremonias de iniciación de un aspirante forma parte de los llamados “plantes” (rituales en general), la cual entre sus principales funciones tiene la de establecer contacto con los antepasados, el mundo de los muertos y con los “orígenes míticos” de esta sociedad, que incluye bailes de disfraces, oración, purificación, rayado de diversos objetos con tizas, cantos y toques de tambor, juramento de respeto- compromiso religioso – confirmación, procesiones, bailes, cantos, ciertos rituales y una comida. Obviamente no están descritas la totalidad de cada una de las parte de la ceremonia, pues como ya se ha dicho la discreción de lo que son las ceremonias públicas y secretas es muy rigurosa, sin embargo bien vale la pena destacar el “oficio lúgubre, tanto en el proceso de purificación como en lo que se refiere a los castigos por violar los juramentos religiosos a los que se comprometió un Ñañigui al ser iniciado (como puede ser la revelación de secretos, caer en prácticas homosexuales o simplemente por motivos de “purga” entre sus integrantes de dudoso comportamiento.

La práctica religiosa de la Sociedad Secreta Abakuá no pudo quedar exenta de la influencia católica, tal como sucedió también con la Regla Osha y el Palo Mayombe, de aquí el uso de crucifijos, incienso, agua bendita y velones, pero también encontramos transculturaciones más precisas como la existencia de una Tabla de mandamientos (siete) o la prédica de oraciones llamadas también "Credo" y "Padre nuestro".

Saludos...